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El Concejal Guillén mando a los padres a rezar y la monja lo tildo de Judas.

En la noche de este martes el cuerpo de concejales de Río Grande fue invitado al colegio María Auxiliadora donde mantuvieron una reunión con la comunidad educativa que ya lleva más de cuatro meses de clases suspendidas en su edificio.

 Ante los pedidos de la rectora María Elina Piccone sobre el posible traslado de la estación de servicio que genera la emanación de gases, algunos concejales plantearon la imposibilidad, pero el radical Alfredo Guillén, propio de su informalidad, le dijo “Vayan a rezar”. La reunión tuvo la asistencia de los concejales Alejandro Nogar, Laura Colazo y la de Alfredo Guillén, que no pasó inadvertido, dado el lamentable rol que le cupo al final. En primer término hubo una exposición técnica del Ing. Guillermo Fassi de Medio Ambiente de la Municipalidad, tras lo cual los padres exigieron una respuesta política a los concejales y la rectora María Elina Piccone, terminó solicitando la posibilidad de una ordenanza o normativa que implique sacar la estación de servicios Autosur, de las inmediaciones de este colegio.

 Los concejales hablaron de la dificultad o imposibilidad de una medida de estas características, lo que tuvo una discusión con la rectora y padres sobre la complicación que esto conllevaría para poder retornar al dictado de clases en esto edificio, para lo cual el concejal radical Alfredo Guillén cometió el exabrupto de decirle a la Hermana Rectora, “Vayan a rezar”, buscando graficar de un modo desubicado, lo complicado de la situación. La respuesta dejó pasmados a los interlocutores y los propios pares de Guillén, que no supieron como retornar el diálogo a los carriles de la normalidad, en una expresión impropia del concejal.

 “Nosotros venimos con una necesidad concreta y es increíble que un funcionario público nos brinde una respuesta de este tipo”, dijo sorprendido uno de los padres. La situación terminó de tan mala manera que la reunión terminó pocos minutos después, en lo que Guillén se acercó a la Hermana Rectora para saludarla, quien se negó a hacerlo diciéndole en la cara, “yo no voy a saludar a un Júdas”, le espetó la monja.

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